Friday, October 9, 2009

Turquía, un sueño... Paris, un buen sitio para desayunar



Así, literalmente, Turquía había sido un sueño, desde hacía algunos años se me había metido entre ceja y oreja este país que se antojaba mágico y por múltiples razones no se había podido concretar el viaje, pero esta vez, como un regalo anticipado de cumpleaños, se hizo.
Varios de mis amigos expresaron intenciones de ir conmigo, incluso con uno de ellos comenzamos a hacer planes concretos pero al final no pudo ir, así que yo seguí con los míos con mayor libertad, escogiendo la ruta a voluntad, por tal motivo elegí un vuelo que hacía escala en Paris y tendría ocho horas para hacer conexión con el vuelo a Estambul, las cuales aprovecharía para visitar la ciudad otra vez, pues hacía casi diecinueve años que había estado en París, así tal cual lo planeado, llegué por la mañana e inmediatamente tome un autobús a la ciudad, pues el Aeropuerto Charles de Gaulle está un tanto retirado, ahí mismo en el camión conocí a otros Latinoamericanos, un chileno y dos venezolanos, de inmediato hicimos conversación y el trayecto fue mucho más ameno, el auto nos dejó a un costado de la ópera, ahí me despedí de mis compañeros recién conocidos y tome uno de esos autobuses turísticos que ahora hay en todos lados, donde uno se puede bajar y subir a voluntad dentro de un circuito, el día era precioso, el clima perfecto, así que me fui bajando en los lugares más conocidos y hacer fotos por todos lados, en algún momento compré un café y un croissant y me senté a contemplar la belleza incomparable de París, ahí mismo me di cuenta lo que alguna vez le había contado a un amigo, que París sin lugar a dudas es una de las ciudades más bellas del mundo, pero no siento que me atrape, en otras palabras, me llena la pupila pero no el alma, aunque tampoco es para quejarse, estaba en un lugar que muchos desearían estar, asi que seguí llenando lo que podía llenar, que era el ojo.
En la tarde regresé cansado al aeropuerto a esperar mi vuelo a Estambul, este llegó y pasó sin pena ni gloria, pues yo estaba agotadísimo y dormí todo el trayecto, ni siquiera me desperté para comer.
Llegué a Estambul pasada la media noche, el enviado del hotel estaba ya muy formalito esperándome, un chico joven, guapo y bastante simpático, solo que no hablaba mucho inglés, pero eso no fue impedimento para que fuera conversando todo el trayecto, por la hora que era no había tráfico, llegamos rápido a la ciudad y cuando nos acercamos a la parte antigua y empecé a ver la muralla me emocioné mucho y entre algunas edificaciones se alcanzaban a ver algunos minaretes iluminados, yo intenté sacar fotos, pero el chofer me dijo en su limitado inglés "don't worry, you are there" no te preocupes tú estás ahí, yo no le entendí lo que quiso decir, pero deje de sacar fotos, se metió a la ciudad vieja a través de una puerta en la muralla y se internó en unas callejuelas estrechas, empinadas y empedradas para terminar a la entrada de un callejón que hacía esquina con una calle que parecía importante y un parque al cruzar y me dijo: -llegamos, este es tu hotel- me ayudó con las maletas y se despidió. El hotel era modesto, el chico de la recepción era joven y de cabellos largos y algunos tatuajes en los brazos, lo cual ya rompía con cualquier idea tradicionalista que uno pudiera tener de los musulmanes, muy amable me indicó mi habitación en el cuarto piso, al entrar al cuarto vi que daba a la calle, fui de inmediato a la ventana y casi me quedo sin aliento cuando la abrí y ante mis ojos apareció en todo su esplendor, completamente iluminada la Mezquita Azul, yo no daba crédito a lo que veía, fue una completa sorpresa, pues cuando llegué nunca la vi, pues como dije hay un parque en medio y a nivel de la calle no se ve, pero estaba justo ahí a unos metros, entonces entendí lo que el chofer trataba de explicarme cuando me decía "estás ahí", contemplé un rato la mezquita y la vista increíble que tenía, me medio instalé y baje a recepción a preguntar si había algún lugar abierto a esas horas para comer algo, pues tenía un hambre atroz, pues para entonces, por el cambio de horario, mi sistema natural estaba completamente desfasado. Cuando bajé, vi que había un señor que no estaba cuando llegué, al ver que me acercaba me dijo algo que parecía un saludo en turco, yo puse cara de "no entiendo" mientras el recepcionista le decía que yo no era turco, entonces me pregunta en inglés que de donde era, yo le contesté que de México, él inmediatamente me empezó a hablar en español, yo me sorprendí mucho y todavía más cuando el de la recepción me dijo -yo también- entonces con mayor confianza les pregunté lo del sitio donde comer, pero el señor que no conocía y que tenía un plato de comida recién servido, me dijo que comiera de la de él, yo me negué, pero él insistió y terminé comiendo con dos turcos y conversando en español sintiéndome completamente bienvenido a la tierra de mis sueños.
Después de esta bienvenida inesperada y realmente cálida, el viaje entero se convirtió en la realización de la manera más espectacular de ese sueño del cual hablaba, los Turcos me trataban de maravilla y los turistas como yo que conocía, de igual manera.

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