
Los primeros destellos de un recuerdo comienzan en el pueblo donde nací, Aguililla, tres años de edad, casas de adobe y teja, calles empedradas y una iglesia que se agigantaba ante mis ojos, por el punto donde se encontraba. En la colina más alta, sobresaliendo al pueblo mismo, haciendose visible desde cualquier lugar, como un símbolo perfecto de lo mismo que representaba; la religión y Dios por sobre todas la cosas.
Esta verdad incuestionable para sus habitantes y este microcosmos de piedra y barro, de chismes y riñas familiares de beatas rezanderas y arcaismos, staban protegidos geograficamente; por un costado por sinuosas colinas, por otro por la imponente Sierra Madre del Sur, sin contar los 84 km. de terracería que lo separaban del primer remedo de ciudad, a su vez por un rio que timidamente pasaba por el pueblo, para formar unos kilómetros después , ruidosas cascadas y un salto de agua impresionante.
El clima... copiado del paraiso, una flora que seducía con mangos y papayas, guanábanas, ciruelas, pinzanes , changungas, guayabas y mameyes, jícamas, limas, zapotes, timbiriches.
El sonido del viento y el sol, atrapados en las flores de los ahuijotes, las camelinas imitando cada uno de los colores de los atardeceres, los patios de las casas estallando en un desorden armonioso de crotos y rosales, granduques, huele de noche, aretillo y nochebuenas.
Sin embargo, creo que lo que realmente protegía al pueblo era la ignorancia, producto de este aislamiento, que priva de experiencias, del mundo y su diversidad y que provoca esa tranquilidad que dá el no necesitar mas de lo que se tiene.
Seguramente era esta sensación y la pintoresca belleza del lugar o la mezcla de ambos que a través del recuerdo, se convertían en el mítico e irresistible canto de sirenas que seducía a casi todos los que salian del pueblo a querer regresar en algún momento, o en el peor de casos intentar reproducirlo donde sea que fueran, empujándolos a formar grupos cerrados o pequeñas comunidades, por ejemplo, de estudiantes en Morelia, que en esos tiempos era la única ciudad con Universidad en la entidad, hacinandose en casas o departamentos, donde el requisito indispensable para ser aceptado era, ser de Aguililla, en donde como colmena de abejas, la entrada de extraños a vivir, era casi imposible. A uno de estos nucleos llegué yo en el ocaso de mis quince y el principio de una de las etapas mas fascinantes de mi vida.
1 comment:
Muy bien seguiremos practicando!
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